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Historia de Chile: De Balmaceda a Ibáñez.

Crisis del nitrato y auge del cobre

        


La finalización de la guerra europea (1918) señaló la crisis definitiva de la industria del nitrato. El hundimiento del sector se produjo con tanta rapidez como fulgurante había sido su ascenso. Yacimientos y oficinas cerraron sus puertas. Los trabajadores perdieron sus empleos y en poco tiempo las ciudades levantadas en la pampa salitrera se despoblaron y fueron literalmente desmanteladas. La explotación de yacimientos carboníferos en la región central ejerció cierta atracción sobre los mineros desempleados. En cualquier caso, se inició un movimiento migratorio hacia el sur, bien hacia las nuevas minas o en busca de oportunidades en las ciudades.

El relevo al salitre lo tomó la minería del cobre, cuyos yacimientos estuvieron en buena medida desde fecha temprana en manos estadounidenses. La mina de El Teniente, una de las más emblemáticas, comenzó siendo explotada en 1906 por la Braden Copper Co. para ser traspasada a la Kennecott Copper Corporation. En 1916 la Anaconda Copper Mining era propietaria de Calama, Potrerillos y Chuquicamata, la mayor mina de cobre del mundo, situada como las anteriores en la provincia de Antofagasta. Entre los años 1905 y 1929 entre ambas compañías mineras pasaron a controlar la producción nacional, con inversiones superiores a los 400 millones de dólares. En tres lustros, hacia 1929, Chile aportaba el 18 por ciento del cobre al mercado mundial.

La Primera Guerra Mundial incidió también en el auge de las exportaciones cupríferas y del precio del mineral. El empleo del cobre para la fabricación de pólvora, latón y alambre atrajo la demanda de Estados Unidos. Al término de la conflagración se mantuvo aquel mercado, al que se destinó un tercio de las exportaciones totales chilenas. A la primera relación mercantil le siguió el interés financiero y por último, la inversión productiva. En 1929 Chile ocupaba el cuarto lugar por destino del capital estadounidense y representaba el trece por ciento del mismo. De manera paulatina fue reemplazando a los británicos con la adquisión de sus empresas sin que la entrada en el accionariado supusiera necesariamente la inyección de nuevos recursos ni la ampliación del capital social de las industrias.

El modo de operar de unos y otros inversores varió. Mientras los ingleses habían creado sociedades específicas para explotar los recursos latinoamericanos, los estadounidenses crearon filiales de sociedades multinacionales, cuyo centro de decisión se mantuvo en el país de origen. La estrategia de explotación se decidía dentro del conjunto del negocio en el que la filial chilena era un elemento más. En los períodos de crisis esa diferencia se haría notar.

UNA GRAN OLEADA DE INMIGRANTES

Entre 1880 y 1914 llegaron al país medio millón de inmigrantes. Buena parte de la j nueva población avecindada procedía de Perú y Bolivia y estuvo formada por campesinos que buscaban trabajo en la minería y en las actividades relacionadas con el auge del norte chileno, empleos que no exigían cualificación y que, ante la demanda de brazos, dieron lugar a empresas especializadas en reclutar trabajadores en otros países. La inmigración española se asentó en las ciudades y fue acaparando el pequeño comercio. Los italianos se inclinaron por la agricultura. El resto de los europeos llegados se interesó por la industria y el comercio hasta el punto de que en 1914 dos terceras partes de estos sectores estaban en manos de extranjeros residentes.


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