Imprimir Enviar a un amigo
Visitas: 75,907
Inicio Historia de Chile / Segundo periodo: La creación de una nación (1810-1883) / Antecedentes A La Independencia De Chile

Historia de Chile: Segundo periodo: La creación de una nación (1810-1883).

Antecedentes A La Independencia De Chile.

        

Introducción

Al comenzar a referirnos a la Independencia americana y particularmente a la chilena, una de las preguntas es si ésta llega como resultado de una maduración o si fue producto del azar. ¿Se trató de un proceso endógeno o de fuerzas exógenas? La otra interrogante es si se trató del logro de algunos individuos (Carrera, O’Higgins, por nombrar algunos), o si se trató de una hazaña colectiva. O bien, ¿fue un logro de los criollos o del llamado “bajo pueblo”?. Finalmente, la otra cuestión importante es qué significó la Independencia. ¿Se trató sólo de un cambio cultural, social, económico y político institucional, o sólo de un cambio político institucional?

ANTECEDENTES EXTERNOS E INTERNOS DE LA INDEPENDENCIA CHILENA: ¿ESTRUCTURA O COYUNTURA?

Existe consenso entre los historiadores en que la Independencia fue producto más del azar (coyuntura) que de otra cosa. No obstante, es innegable que había un conjunto de factores que estaban presentes y que posteriormente se potenciaron con la crisis político institucional que generó la invasión de Napoleón a España.

Aspectos externos:

Influencia de la Independencia de los EE.UU.

Muchas de las nuevas ideas políticas sobre derechos de los ciudadanos como las libertades públicas, soberanía popular y democracia representativa, fueron llevadas a la práctica en Norteamérica y demostraron de una manera categórica la posibilidad cierta del sistema republicano. En 1776 nace Estados Unidos como república independiente, como resultado de la guerra de liberación por parte de las 13 colonias inglesas en Norteamérica. Las ideas planteadas en su Constitución Política también recogen el legado de la Ilustración. A los ojos de los criollos ilustrados, la experiencia de los Estados Unidos constituía un ejemplo digno de imitarse. Ideas que antes no pasaban de aspiraciones algo quiméricas, demostraron ser practicables en sociedades concretas, y con buenos resultados. Sin embargo, el comportamiento de los Estados Unidos con respecto a la emancipación de las colonias españolas fue prudente; de observación y de un apoyo más explícito sólo cuando éstas tenían su proceso de liberación asegurado.

La revolución Francesa.

La Revolución Francesa es uno de los acontecimientos de la historia occidental sobre los que aún se debate y se expresan opiniones distintas. Desde sus inicios (1789 - 1799) dividió a Europa en adherentes y detractores de la revolución y sus ideales, los que estuvieron presentes en nuestro proceso de organización post independentista.

Las ideas de la ilustración.

América no se encontraba aislada del mundo y los sucesos ocurridos en otros lugares durante el siglo XVIII y principios del XIX influyeron en el proceso de emancipación de sus pueblos. En el siglo XVIII surgió en Europa la Ilustración, un movimiento de ideas críticas contra la monarquía absoluta y la sociedad de la época. Las ideas ilustradas más conocidas, son las relacionadas con la filosofía y la teoría política. La libertad, la igualdad jurídica y el rechazo a los privilegios sociales, formaron parte de los estandartes alzados por este movimiento. Pero su principal aporte radicó sin duda, en la fuerte crítica elaborada en torno al absolutismo monárquico y en la defensa ideológica de un régimen verdaderamente representativo o democrático. En este sentido los ideólogos políticos ilustrados aspiraron a la separación de los poderes del Estado, para conferir un mayor equilibrio entre ellos. Según Montesquieu, el ejecutivo, el legislativo y el poder judicial debían ser ejercidos por órganos diferentes e independientes entre sí, con sus respectivas competencias y fueros. La soberanía popular era contraria al derecho divino de los reyes. Según esta tesis, el poder reside en el pueblo, su legítimo depositario (Locke, Rousseau, Abate Siéyes).

La comunidad, ejerciendo su voluntad soberana, escoge a sus autoridades. A través del pacto o contrato social, gobernantes y gobernados acuerdan las bases de su relación (Locke, Rousseau). El ideario ilustrado llegó a suelo americano a través de distintos caminos. Los viajes de algunos criollos a España y la adquisición de los últimos libros, se transformaron en los medios más corrientes de penetración de estas ideas.

Estas lecturas, a pesar de su circulación restringida ejercieron influencia decisiva en algunos personajes que posteriormente van a desempeñar papeles importantes (José Antonio Rojas, Manuel de Salas, Camilo Henríquez y José Miguel Infante).

Situación de Europa: Napoleón.

Cuando los franceses debieron contener la invasión de sus enemigos, apareció con fuerza la figura de Napoleón Bonaparte. La necesidad de aplacar las rebeliones populares le dieron la oportunidad al joven militar de acceder al poder. Se había destacado en las campañas internacionales del ejército revolucionario. Cuando llegó a París se unió a una conspiración contra el gobierno del Directorio, tomando el poder mediante el golpe de Estado en noviembre de 1799, estableciendo un nuevo régimen: el Consulado y luego el Imperio.

Invasión de Napoleón a España.

Hacia 1808 Napoleón se hallaba empeñado en lograr predominio sobre Europa. El principal escollo con que topaba era Inglaterra. Para debilitarla Napoleón decretó el bloqueo continental, pero Portugal se negó a adoptar la medida, ante lo cual Napoleón resolvió su ocupación militar, la invasión de Portugal debió efectuarse a través de España. Carlos IV dio la autorización para ello, lo que fue aprovechado por los franceses para invadir pacíficamente España. Esta situación provocó la reacción del pueblo español en el “Motín de Aranjuez” (1808). Como resultado de esta movilización el rey hubo de abdicar en la persona de su hijo, Fernando VII. Bonaparte no aceptó el cambio de un rey aliado a uno que le era hostil y dispuso el traslado de la familia real española a localidad de Bayona, en donde quedaron presos, nombrando a su hermano José I como nuevo Rey de España e Indias.

Resistencia Española: Las Juntas, el Consejo y las repercusiones en América.

La acefalía en que quedó el imperio, ante el cautiverio del rey legítimo, llevó a los súbditos de las diferentes ciudades de la península española a formar “Juntas de Gobierno”, mientras durase el cautiverio de Fernando VII. Tal comportamiento político se basaba en la doctrina de que en ausencia del Rey la soberanía vuelve al pueblo, para formar un gobierno provisorio. La necesidad de centralizar los esfuerzos de la resistencia, condujo a las juntas locales a formar la “Junta Central de Sevilla”, y luego el “Consejo de Regencia “, radicado en la ciudad de Cádiz. La lucha contra el invasor fue realizada bajo la bandera del liberalismo. El gobierno provisional introdujo, consecuentemente con su ideario, un conjunto de leyes y reformas, entre las cuales se cuenta la Constitución de 1812. Imbuido en ese espíritu el Consejo de Regencia convocó a una asamblea de todos los reinos que componían la monarquía ( las llamadas “Cortes de Cádiz”), en las que se dio representación a las Juntas americanas. Se enviaron órdenes a América para que cada región designase diputados.

Cuando llegaron las noticias de 1808, la reacción primera fue de indignación por la invasión y el cautiverio del Rey. Pero luego se planteó un conflicto difícil de resolver: frente a la acefalía de gobierno ¿qué es lo que de hacerse? El propio gobierno español alentaba a los americanos a autogobernarse, tal cual ellos lo estaban haciendo, y a realizar reformas liberales, como las que ellos estaban aplicando. Pero los funcionarios españoles radicados en el país y los propios criollos, no estaban tan convencidos de la conveniencia de adoptar ese curso de acción. Luego de las dudas iniciales fueron definiéndose principalmente dos corrientes de opinión. Un sector se definió como claramente monarquista, mostrándose partidario de mantener la obediencia a Virreyes y Gobernadores en América, y al Consejo de Regencia, en España.

Conocidos como los “realistas”, formaban parte de él los funcionarios administrativos y militares del Imperio, la mayor parte del clero, comerciantes y también algunos criollos. Un segundo sector, conocido como los “patriotas”, propiciaba la formación de una junta gubernativa, esgrimiendo los siguientes argumentos:

A)
Los dominios americanos pertenecían a la Corona y no a los españoles, por tanto, no tenían por qué obedecer al Consejo de Regencia, que era la voz del pueblo español.
B) Por el cautiverio de Fernando VII, el poder había vuelto al pueblo y éste podía formar el gobierno provisorio que desease hasta el regreso del monarca.
C) Las viejas leyes españolas indicaban la forma de crear organismos de gobierno en ausencia del rey y las mismas provincias de España habían dado el ejemplo al establecer Juntas.

Es importante comprender que al propiciar el establecimiento de Juntas de Gobierno, los criollos no estaban abrigando ilusiones separatistas. Solamente buscaban defender los derechos del rey legítimo y buscaban la aplicación de algunas reformas que satisficieran sus aspiraciones de cambio en algunas áreas. Deseaban también aprovechar la coyuntura para poner término a los abusos y problemas que aquejaban a las provincias hispanoamericanas desde antaño, mediante reformas como la que los propios españoles les instaban a adoptar. Pero el movimiento juntista mantenía intacta su fidelidad al rey. Sólo una fracción minúscula de criollos deseaba la independencia de las colonias. Esta minoría no tuvo actuación política importante en este período y ni siquiera se atrevió a expresar resueltamente sus ideas.

Aspectos internos:

Adquisición de una conciencia criolla.

En el siglo XVII, y más nítidamente en el XVIII, los criollos desarrollaron un fuerte amor por la tierra en que vivían y por la sociedad que la habitaba. Se percibe el desarrollo de un sentido de pertenencia en las crónicas que nos dejaron algunos jesuitas, desde una distancia voluntaria o un destierro doloroso, y que no eran otra cosa que los espejos involuntarios de sentimientos colectivos. A mediados del siglo XVII, el Padre Alonso de Ovalle publica en Roma, su “Histórica Relación del Reino de Chile”. En la centuria siguiente, una serie de crónicas de ese mismo estilo vio la luz. El padre Miguel Olivares escribió su “Historia militar, civil y sagrada del Reino de Chile”; el abate Juan Ignacio Molina, publicó su “Compendio de la historia geográfica, natural y civil del reino de Chile”. De este modo, la vocación por seguir el propio destino, no sólo resultaba del rechazo o del azar. Había un cierto grado de interés por ella como una prolongación del proceso de formación de una identidad nacional.

El malestar criollo.

Durante el período colonial, se había venido acumulando un gran malestar entre los criollos por razones de tipo político, económico, social y cultural. En lo político los criollos se consideraban tanto o más preparados que los peninsulares para ejercer los cargos del gobierno americano, sin embargo, casi todos los nombramientos recaían en españoles. La política económica de la monarquía provocaba también gran rechazo de los criollos, ya que a partir de las Ordenanzas de Libre Comercio decretada por los reyes Borbones, el mercado Americano se saturó de productos importados y, a cambio de ello, salía de América gran cantidad de riqueza. El monopolio comercial, por otra parte, impedía la protección y el desarrollo de la industria americana, en tanto que los criollos se veían obligados a pagar altos y variados impuestos a la corona española. Desde el punto de vista social, los criollos habían adquirido un gran cariño y apego por su tierra, sintiéndose profundamente americanos. El favoritismo y las excepciones que favorecían a los peninsulares provocaban una fuerte antipatía entre los criollos, que se tornaban más sensibles ante las postergaciones de que eran objeto. El descontento se extendía también al ámbito cultural, pues los criollos criticaban también la calidad de la enseñanza, la censura de las obras literarias que llegaban a América y la carencia de imprentas que posibilitaran difundir la cultura a través de libros y periódicos. El malestar de los criollos se propagó durante el siglo XVIII, provocando en algunos lugares levantamientos armados contra las autoridades españolas en América. Algunos de estos levantamientos fueron, por ejemplo, el de los comuneros del Paraguay, el de los comuneros de Nueva Granada (Colombia) y el de Tupac Amaru en el Perú. En Chile surgió la proclama independentista conocida como “la conspiración de los tres Antonios “, en que se vio involucrado don José Antonio de Rojas y dos súbditos franceses. A pesar de que estos alzamientos fracasaron por falta de organización y equipamiento militar, sembraron el espíritu de rebeldía en los pueblos y permitieron saber que era posible derrotar a los españoles en determinadas circunstancias.

Rivalidad entre criollos y peninsulares.

Los criollos solían quejarse durante el período de los Habsburgos del gobierno y la administración; acusaban la ineficacia de un sistema demasiado descentralizado en el que resultaba difícil establecer a que autoridad o institución le competía cada cosa. La administración de justicia era lenta y engorrosa, a causa de lo complicado del sistema procesal. En el siglo XVIII, los Borbones decidieron tomar cartas en el asunto. Reformaron la administración, creando nuevos organismos (Secretaría de Marina, Consulado, Tribunal de minería, Casa de Moneda), nuevos cargos (Intendente y Subdelegados), y se suprimieron instituciones y cargos que no funcionaban bien. Estos cambios fueron peores para los criollos, por lo menos en el corto plazo, pues las modificaciones se tradujeron en pérdidas de influencia y poder. En la segunda mitad del siglo XVIII América fue invadida por centenares de burócratas procedentes de la península. Estos funcionarios ocuparon muchos de los cargos que los americanos, no obstante serles prohibidos por ley, habían logrado comprar u obtener mediante influencias. Se incrementó la desconfianza y el recelo hacia los españoles. Las aristocracias locales comenzaron a verlos como advenedizos, sin compromiso verdadero con América, cuyo único interés era adquirir una riqueza fácil, para luego retornar a España.

Crisis económica del régimen colonial.

En los últimos años del siglo XVIII, se comenzó a gestar en el ámbito económico un sentimiento generalizado de descontento con las políticas de la monarquía Borbónica. Aunque en varios otros aspectos ellas habían significado un progreso, en otros aparecía altamente injusta y abusiva. Un ejemplo fue la modernización del sistema de cobro, para incrementar el rendimiento de los impuestos existentes; asimismo, debieron crearse nuevos impuestos y elevarse de modo importante los existentes. Todo ello provocó gran malestar entre los americanos, que no se sentían cómodos con la idea de tener que sacar dinero de sus bolsillos para costear las interminables guerras que emprendía la metrópolis en Europa.

Ese malestar se tradujo, en algunos casos, en motines o levantamientos, Por ejemplo, en el caso de nuestro país, el establecimiento del Estanco del Tabaco, a mediados del siglo XVIII, provocó serios tumultos entre los agricultores. Idéntica cosa sucedió cuando se subió el impuesto a la compraventa (Alcabalas). La liberalización del comercio (política comercial de los Borbones), provocó el mismo efecto negativo, en el corto plazo, para los americanos. Las mercaderías comenzaron a llegar a América a precios cada vez más bajos, copando prontamente el mercado, y los comerciantes locales terminaron con sus bodegas llenas de productos que nadie quería comprar. Las quiebras de mercaderes se hicieron acontecimientos habituales. Los problemas de los comerciantes se vieron reforzados por el gran desarrollo que alcanzó el contrabando. Este era formalmente una actividad ilegal, pero las autoridades locales no tenían la capacidad para contenerlo, ante los cuales terminaron haciendo vista gorda y dejando actuar con toda libertad a los contrabandistas, lo cual contribuyó a la saturación de productos extranjeros en los mercados. Por último, la liberalización del comercio y, en general, la política económica imperial, afectó negativamente a la balanza de pagos de las colonias americanas. Las economías coloniales se fueron descapitalizando y la escasez de circulante se hizo un mal endémico.

Desarrollo cultural y educacional.

El desarrollo de la cultura en el Chile colonial fue concordante con las características de una población que vivió permanentemente asolada por la guerra, lo que motivaba que no pudieran florecer en forma muy elaborada las diversas artes y ciencias. Por otro lado, se debe considerar el carácter provincial y geográficamente marginal que tenía el país. Se vivía un aislamiento que retardaba la llegada de nuevas tendencias culturales provenientes de Europa. Los hombres de pensamiento ilustrado echaban de menos mayor libertad en todos los aspectos: política, de pensamiento, cultural, comercial, etc.


Fuente: www.biografiadechile.cl


  Continuar Leyendo en Segundo periodo: La creación de una nación (1810-1883)

...

...

...

...

...

...

...