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Resumen del período

Se amplió el territorio de nuestro país.

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Un gobierno de transición

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El primer gobierno liberal

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Tiempos difíciles

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Aún en guerra

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La crisis del poder liberal

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Conflictos con otros países

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Hechos Importantes del Periodo
>> José Joaquín Pérez es elegido Presidente de la República. No tuvo contendor (1861). >> La fusión liberal-conservadora llega al gobierno (1862). >> Se inaugura el ferrocarril de Valparaíso a Santiago (1863). >> Se crea el Cuerpo de Bomberos de Santiago (1863). >> Se firma el Tratado de Límites con Bolivia (1866). >> Se descubre salitre en Antofagasta (1866). >> Se promulga una nueva ley de elecciones (1869).Se descubre el mineral de plata de Caracoles (1870). >> Se crea el Ministerio de Relaciones Exteriores (1871). >> Se inaugura el edificio del Congreso Nacional (1875). >> Nace el Diario Oficial de Chile. Reemplaza a El Araucano (1877). >> Se inicia la Guerra del Pacífico (1879). >> Se firma el Tratado de Límites con Argentina (1881). >> Auge del Partido Liberal. Controla al 60% de los electores (1886). >> Isla de Pascua es incorporada al territorio nacional (1888). >> Se crea la Pontificia Universidad Católica de Chile (1888). >> Se funda el Instituto Pedagógico (1889).Se inicia la explotación de las minas de carbón de Schwager (1874).

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Historia de Chile: Época de la Expansión.

Resumen del período

1861-1891Auge del Liberalismo y Expansión Nacional

        
partir de 1860, la sociedad chilena inició un proceso de transformaciones que se enmarcó en la maduración de los procesos políticos que buscaban imponer los contenidos de la ideología liberal en todos los aspectos del quehacer nacional.

En forma simultánea, ocurrieron los cambios que a nivel mundial generó la Revolución Industrial y con ellos el rol preponderante que adquirió la economía inglesa. Esto repercutió en Chile en la medida que nuestra economía se transformó en exportadora de insumos para el crecimiento agrícola e industrial de Europa.

La nueva relación con ese continente se tradujo en nexos económicos, influencias y estilos de vida que fueron adoptados por los sectores dirigentes. Estos hicieron que las costumbres y modos de ser de los grupos más adinerados se convirtieran al estilo europeo.

La ampliación de la base social de los grupos de terratenientes se vio engrosada con una pujante burguesía minera, comercial y bancaria, que generó cambios en la composición política de los grupos dominantes. En ella, estos nuevos sectores impulsaron modernizaciones en el plano educacional, en el monetario y en las relaciones de equilibrio que existían constitucionalmente entre el Ejecutivo y el Legislativo.

Auge del liberalismo

Muy lentamente, se empezó a desmontar el marco constitucional y legal que limitaba el avance de los liberales. Una nueva ley electoral en 1869, la prohibición de la reelección del Presidente de la República, las reformas constitucionales de los años 1873-74, y la ley de la comuna autónoma en 1890, fueron distintos pasos que se orientaban en un mismo sentido: liberalizar las instituciones, sus costumbres políticas, y localizar en los sectores oligárquicos el control del sistema político, desplazándolo de la esfera del Ejecutivo.

Pero fue en el estilo de hacer política, más que en las normas legales, donde se encontraron los elementos más representativos para explicar el ascenso de los liberales en el Gobierno.

La política era ahora el escenario para un debate público sobre al menos dos cuestiones importantes: el tema principal era restar —por la vía legal o de la práctica— la mayor cantidad de atribuciones al Presidente. La otra discusión se centraba en avanzar en la laicización de la sociedad o mantener la tutela clerical en los asuntos de la educación, la moral y las relaciones con el Estado.

Además, había una permanente disputa entre el Legislativo y el Ejecutivo, que se manifestaba en las acusaciones ministeriales que iniciaban los diputados de la oposición y que derivaban en una rotativa ministerial.

Desprovisto el Ejecutivo —a causa de las reformas— de las herramientas que le otorgaba la Constitución, solo quedó como principal medio para someter a la oposición una desembozada intervención electoral.

La formación del llamado Club de la Reforma en 1868, fue el inicio del lento proceso ideológico que propiciaría el desplazamiento desde las formas autoritarias de gobierno hacia el establecimiento de un parlamentarismo, que se impuso finalmente en 1891.

Laicización de la sociedad

En el otro debate —aunque influenciado también por las tendencias liberales— estaba el intento de laicización de la sociedad. Los objetivos de los reformadores eran emancipar la educación y las costumbres de la tutela religiosa, así como también establecer un sistema en donde el Estado fomentara el libre pensamiento.

La dictación de una ley interpretativa que permitiría el ejercicio de otros cultos religiosos, la ampliación y fomento de un sistema educacional laico representado por el Instituto Nacional y la Universidad de Chile, las leyes sobre el registro civil y la de matrimonio civil, y el traspaso de la administración de los cementerios al poder civil, más la fundación de una universidad pontificia, constituyeron las formas en que la separación de la Iglesia y el Estado se fue abriendo.

Durante esta etapa, los partidos políticos comenzaron a adquirir forma de instituciones con organizaciones internas, con programas electorales que nacían de convenciones partidarias, y con una política de alianzas que buscaba concertaciones para alcanzar la presidencia de la República o mantenerse como mayoría en el Congreso.

Un caso representativo de lo anterior fue la formación de la fusión liberal-conservadora, que fue una combinación entre sectores que se separaron en asuntos religiosos, pero se unieron en el intento por debilitar al Ejecutivo. Tal vez la más compleja actuación política de este grupo fue el veleidoso comportamiento de los liberales. Con una tendencia natural al fraccionamiento, estos se movían desde cargos en el gobierno a la más férrea oposición.

En forma paralela a esta actividad partidista, durante esta etapa se avanzó en la consolidación de un sistema legal y reglamentario, que terminó por reemplazar totalmente las normas y costumbres jurídicas de la época hispana. Una amplia codificación de las actividades comerciales, judiciales, mineras y agrícolas consolidó el ordenamiento de las relaciones entre los civiles y el Estado, y entre las propias instituciones.

Relaciones internacionales

Este período se caracterizó por las difíciles relaciones internacionales con los países vecinos y con España. A ello se sumaron los intentos de otros países europeos por intervenir directa o indirectamente en los territorios americanos.

En la misma perspectiva de control territorial se ubicó la incorporación de la Isla de Pascua en 1888, territorio insular que se encontraba en la mira de Francia en su expansión imperial en el Océano Pacífico.

El crecimiento económico y el reconocimiento de espacios geográficos no ocupados fueron los detonantes de conflictos bélicos con las repúblicas vecinas de Perú y Bolivia. Estos condujeron a los ejércitos chilenos hasta Lima y la rendición incondicional con entrega de territorios a Chile.

Con Argentina —aunque no se llegó a una guerra— una difícil negociación diplomática culminó con el Tratado de Límites de 1881 y la entrega por parte de nuestro país de los territorios patagónicos, la cesión de la mitad de la Tierra del Fuego y el control definitivo a Chile del Estrecho de Magallanes. Este era el principal nexo de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico.

Nuevas fronteras

Este proceso significó el reajuste de las fronteras exteriores e interiores del país, con una expansión territorial y reordenamiento espacial, que derivó en que al término de esta etapa aparecerán configuradas en sus líneas generales las actuales fronteras de Chile.

Iniciando el período, se consolidó la colonización con inmigrantes europeos en las provincias de Valdivia, Osorno y Llanquihue.

Con la modalidad de la ocupación militar se avanzó sobre los territorios de La Araucanía y se desestructuró el dominio mapuche con la apropiación de las tierras de este pueblo por parte del Estado y la instalación de las comunidades en reducciones. Dichas tierras se redistribuían mediante remates y concesiones a particulares, en un proceso donde no estuvieron ausentes las irregularidades de toda índole.

En el Norte, la frontera se expandió. Se ocuparon las antiguas provincias peruanas de Tarapacá y las bolivianas de Antofagasta y la Puna, como resultado de la Guerra del Pacífico.

En el extremo austral se inició la conformación de una economía ganadera en torno a Punta Arenas y Tierra del Fuego.

Expansión y diversificación económica

La expansión de la economía inglesa como resultado de la Revolución Industrial, trajo como consecuencia la incorporación de Chile al flujo comercial de insumos demandados por dicha potencia y su imperio de ultramar.

Entre 1860 y 1870 las importaciones chilenas de productos ingleses alcanzaban un 42% del total y un 66% de nuestras exportaciones eran destinadas a Gran Bretaña.

Estos años estuvieron marcados por la ampliación de las actividades extractivas de recursos naturales, destinados a servir de insumos a la nuevas tecnologías.

En lo relativo a la minería, las nuevas formas de fundición y diferentes tipos de usos, aumentaron la demanda por el cobre, que empezó a ser explotado en gran escala en Guayacán. Sin embargo, el cobre chileno en permanente competencia con los yacimientos de España y Estados Unidos, vivió siempre en constantes fluctuaciones de precios y mercados.

El carbón demandado por las fundiciones mineras, el ferrocarril y la navegación, vivió su época de oro en las zonas de Lota y Coronel, surgiendo en la Península de Arauco una microsociedad vinculada a su extracción.

Pero el recurso que consolidó la vocación minera de nuestra economía fue el salitre. Solicitado como fertilizante por la expansiva agricultura europea, el descubrimiento de este mineral en nuestro territorio en 1860 inició la expansión territorial y de la población de Chile hacia el desierto, que hasta ese momento era conocido como el despoblado de Atacama.

La industria del salitre se convertiría en el soporte de las entradas del fisco chileno por casi 40 años.

La agricultura se desarrolló a un ritmo más lento. La gran propiedad con cultivos extensivos y baja incorporación tecnológica mantuvo el perfil del mundo rural.

La incorporación de las tierras de La Araucanía, la demanda por productos agrícolas de los centros mineros del Norte y la ampliación de las ciudades de Valparaíso y Santiago, impulsaron una roturación de nuevos espacios en el llano longitudinal.

La producción continuó orientada preferentemente al mercado interno y se componía productos de chacarería, animales de engorda, cereales y legumbres; todos ellos producidos con rudimentarias técnicas heredadas del período colonial. La modernización en el sector agrícola estuvo representada por la construcción de canales de regadío y la introducción de cepas viñateras que modificaron la producción de vinos en la Zona Central.

En otro ámbito, la industria se convirtió en un sector relevante de la economía. Hasta la mitad del siglo, la manufactura tuvo un carácter meramente artesanal. Pero, ahora empujada por el crecimiento demográfico, la incorporación de capitales privados —bajo la protección de barreras aduaneras— y la llegada de técnicos extranjeros, se empezó a desarrollar una industria nacional del azúcar, los muebles, zapatos, ropa de corte popular, jabones y vidrios. Los casos que mejor ejemplifican este cambio corresponden a la industria de la cerveza y la molinera, que se expandieron con capacidad para abastecer en todas las ciudades importantes de la época.

Por último, en el desarrollo económico cabe destacar las transformaciones que se produjeron en el ámbito financiero. Surgieron los primeros bancos, las leyes que autorizaron la emisión de billetes de instituciones privadas y se consolidó el crédito como instrumento para el fomento de actividades productivas. Todo ello modernizó las formas de inversión y permitió la llegada de capitales extranjeros que se incorporaron a la expansión de los ferrocarriles, alumbrado urbano y actividades mineras.

Modernidad y continuidad

La sociedad chilena de mediados de siglo se movió lentamente en una transición, que la llevó desde una modalidad colonial hispana hasta una sociedad en la que coexistían formas agrarias y burguesas.

El cambio podía observarse en las ciudades, donde los nuevos ricos demostraron fortuna en la edificación de palacios y mansiones, que desencadenaron una corriente de transformaciones urbanas.

Los sectores adinerados hicieron de lo mundano y el buen tono su modo de ser, y abandonaron el estilo anticuado y austero de sus antepasados.

Las transformaciones urbanas en gran escala, realizadas en Valparaíso con posterioridad al bombardeo español (1866), y la renovación llevada en Santiago entre 1872-74, tuvieron como propósito adicional al estético segregar la ciudad como un espacio civilizador.

El mundo popular agrario y minero se mantuvo como si el tiempo se hubiera detenido en la Colonia. Quienes lo conformaban continuaron siendo los marginados de la cultura y la educación, encerrados en las haciendas o en los sitios de laboreo minero.

En esta etapa los sectores medios se prepararon para su irrupción histórica, lo que se expresó a través de su matrícula en el sistema educacional primario hasta el universitario.

La prensa y la literatura realista fueron los espacios que este sector utilizó para denunciar las inequidades y discriminaciones.

Al terminar el período, la sociedad chilena se encontró en una situación económica excepcional, por la riqueza generada por el salitre. Pero, también estaba incubando los gérmenes de grandes cambios políticos y sociales con que se abrió el nuevo siglo.


Fuente: Icarito Diario La Tercera.


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